Querido Diario: Historia de un amor inconfesado.

Quería encontrar los pedazos pero no sabía en donde buscarlos, porque te los habías llevado.
Los fragmentos de esa historia se fueron con el paso del tiempo. Ya casi 15 años. Son recuerdos que ya no están tan presentes como antes. Me saben distantes. Los pienso y son casi como el inicio de un sueño que nunca supe como terminó. Pero a pesar de que hay un abismo de tiempo que nos separa entre recuerdos, yo de vez en cuando pronunció tu nombre porque se me viene a la mente tu fotografía. Es esa que se aparece de vez en cuando en mis notificaciones porque es increíble como pero inconscientemente nunca te has ido. Estás tan lejana a pesar de tu presencia en mi vida, aunque sea virtual pero lo estás.
La última vez que nos vimos vi frustrado mi deseo de confesarte que estaba enamorado de ti. Era ese inocente y tonto amor de adolescentes. Yo tenía quince y tu dieciséis. Yo venía regresando de estudiar en un internado y la vida aquí me sabía tan amarga, tan ajena. La gente aquí me resultaba extraña, tal vez era yo el extraño pero te apareciste tu. Eras tan extraña como ellos pero a tu manera y eso fue lo que me enamoró de ti. Platicábamos de vez en cuando en los descansos y fue en una de esas ocasiones cuando estuve a punto de expresarte que yo te quería. No sabía cómo ni por qué pero eso era lo que sentía.
Mi corazón latía porque sabía que en el fondo tu sentías lo mismo que yo. Entre los dos había una conexión que no podía expresar. En realidad, todo aquello que sentía era algo difícil de explicar porque ahora comprendo que nadie sabe amar en la adolescencia pero en aquel entonces, ese nerviosismo me hacía pensar que amor era lo que tu me provocabas.
Un trago amargo fue ver truncado el deseo de hablarte de mis sentimientos porque esos pocos minutos tu los ocupaste para decirme que te quedaban pocos días en la preparatoria. Habían trasladado de ciudad a tu padre y tu te irías con él.

our_latest_love_letters____by_whatevercathiewants-d5s4i6c Así pasaron los meses y por cobarde nunca te hablé de lo que sentía. Pero no solo pasaron los meses en aquellos años porque aún sigue pasando el tiempo y tu sigues sin saber lo que yo planeaba decirte. Hace poco me lo preguntaste pero no te respondí lo que te daba curiosidad escuchar. Justo cuando le di “like“ a la foto de tu hija. Si. Te habías casado e irónicamente ahora un botón de “Me Gusta“ era lo que nos mantenía unidos pese a que después de eso nunca volvimos a estar frente a frente. Tu vida avanzó. Te casaste. Tuviste a Camila. Ahora estamos unidos por un mundo virtual que existe pero donde no puedo tocarte, donde no puedo hablarte. Sólo estás ahí pero al mismo tiempo no. Me pregunto cómo sería verte frente a frente. Quiero saber si sentiré lo mismo para comprobar que es verdad lo que dicen, que el tiempo cura las heridas pero que deja huellas imborrables.
Me da miedo pero curiosidad imaginar si tu aún me recuerdas. Si mi nombre tiene un lugar en ese baúl de tu mente que debe guardar sin fin de fotografías de una vida que parece haber avanzado porque en mi caso, el tiempo se detuvo pero ni a la mitad de nuestra historia porque esta se quedó inconclusa. No tuvo un final, ni un climax, pero si un antagonista que fue la distancia. Ella nos separó y se llevó consigo el secreto de un amor de adolescencia, callado, que hoy regresó a mi mente para contar este capítulo que sigue llevando tu nombre. Un capítulo de una historia que vive en mi mente porque nunca se la había contado a alguien. Fragmentos, palabras y una huella imborrable que dejaste el día en que te fuiste sin escuchar lo que tenía que decirte.

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